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sábado, 16 de mayo de 2026

Publicación de Viaje a Centauri b

 Tittle: Publication of Journey to Centauri b 

 

Como reza la intro de la serie Star Trek (Prod. Gene Roddenberry, NBC), el espacio es la “última frontera”. Viaje a Centauri b es una historia que transcurre en esa frontera dentro de una gran nave. No es solo un viaje espacial, es un viaje por la Ciencia y la Humanidad.

El texto transcurre entre los intentos de Yessi y Luis por mantener encendida la chispa de la curiosidad de su hija y la lucha del Capitán Musashi y la tripulación por sobre llevar los imprevistos del viaje.

Mientras la historia se desarrolla en la primera parte del libro, la segunda parte presenta una serie de preguntas cuyo objetivo principal es despertar la curiosidad del propio lector al punto de poder formularse sus propias preguntas. En este sentido, puede constituirse como un puente pedagógico para docentes de distintas áreas y estudiantes.

¡¡¡Están todos invitados a sumarse al gran viaje de Nova Arca!!!


Este libro digital tiene un costo de $10.000 (pesos diez mil) que se deben abonar al alias: rubenhcc.mp . En el caso de instituciones educativas se realiza un descuento por cantidad (consultar al correo mostrado más adelante).


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viernes, 21 de abril de 2023

Cuento corto: La Creación

 

Title: Short story: The Creation

Estaban, en el espacio primigenio, todos los dioses. O quizás era una sola entidad con muchas mentes. Estaban, eternos, inmortales, en un lugar sin tiempo. En algún momento, uno exclamó:

-¡Estoy aburrido! Podríamos hacer algo para distraernos.

Varios lo miraron. Otra propuso.

-Podríamos crear algo.

-Eso también me aburre -respondió el primero- No basta con crear algo, que de antemano sabemos cómo será y cómo se comportará.

Por un instante, o quizás por milenios, reflexionaron en silencio, hasta qué una expresó:

-Tengo una idea. Podríamos crear algo que una vez creado siga un camino que no hayamos planificado previamente.

-Como poner sus condiciones iniciales y luego dejarlo andar libremente-aportó otro.

Uno que no había hablado hasta el momento dijo:

-Puede ser, pero al menos alguna regla para su comportamiento deberemos colocar, pues de lo contrario, esa creación podría terminarse con solo comenzar.

Un conjunto de dioses asintieron.

-Está bien. -dijo el aburrido- Pero: ¿Quién lo creará?

La totalidad de entidades se miraron. Una reflexionó:

-Sabemos que quién de forma a la creación le transmitirá algo de su impronta. Por lo tanto, creo que lo mejor es que cada quién aporte una minúscula parte de su esencia para tener la materia prima para la creación.

Toda la entidad miró, se miraron, intercambiaron pensamientos. Hubo coincidencia con esa idea. Y así fue: se dispusieron y cada quién donó una parte de su esencia que reunieron y fusionaron. Y ahí estaba, la materia prima para gestionar la creación.

-¿Cómo la llamaremos? -preguntó una parte que no había hablado hasta el momento.

Por unos instantes, que pueden haber sido eternos, reflexionaron.

-Le llamemos Energía!!! -propuso una dios.

No hubo oposición, pues la cuestión del nombre no era tan importante como la creación a la que daría lugar. Un volumen de luz, de colores variables, de forma similar a una llama flotante, llamada Energía: ya estaba todo listo.

Cuando los dioses se disponían a tomarla para moldar e iniciar la creación, esta habló:

-Ey!!! ¿Qué van a hacer conmigo?

Todas se miraron sorprendidas. La materia prima tenía conciencia propia, algo que no habían contemplado. Sin embargo, también sintieron satisfacción: eso era una muestra de que la creación podría correr a su libre albedrío.

Uno de los dioses se acercó y le explicó:

-Te hemos creado para utilizarte, consecuentemente, para crear algo más. Y, aunque no contemplamos tu conciencia, lo mismo te utilizaremos con el fin que pretendemos.

La Energía meditó por unos segundos (¿o quizás fue por más tiempo?). Luego preguntó:

-¿Eso significa que moriré cuando me utilicen para hacer su creación?

-Pues si, así será. -dijo otra.

-¡No quiero morir! -exclamó la Energía.

-No tienes otra opción, te hemos creado con una finalidad y eso no va a cambiar. -respondió el que estaba aburrido. Y agregó: -Lamento que debas “morir” pero es así; debes saber que tu sacrificio será útil para crear cosas nuevas.

-Pues yo no quiero morir. -replicó la Energía.

La entidad toda, en todas sus mentes, sin cuerpos ni géneros, se sumió en la meditación. Pensamientos se intercambiaron. Luego uno habló:

-Como ya te dijimos, el hecho que te utilizaremos para el fin que te hemos creado no va a cambiar. Pero hemos considerado concederte un deseo antes de utilizarte. Puedes pedir lo que quieras, excepto que no te utilicemos para nuestro fin. Es decir, que no puedes pedirnos no morir.

La Energía se quedó estupefacta, invadida por el asombro. Podía pedir lo que quisiera pero no lo que realmente quería. Por unos momentos reflexionó.

-Voy a aceptar vuestra propuesta. -dijo con voz firme, y prosiguió: -Quiero ser eterna, ese es mi deseo.

Todas las entidades, que quizás solo eran una, se miraron. La Energía no solo había demostrado tener conciencia sino, también, ser inteligente. No pidió directamente no morir, pero pidió ser eterna. Sin embargo, los dioses son dioses por algún motivo y eso los hace, también, muy inteligentes. Y les da la posibilidad de ejecutar más ideas y acciones que a una simple mortal Energía.

Por momentos se escuchó el murmullo de los pensamientos de la entidad, cada una de las mentes habló, cada una escuchó, cada una propuso. Por fin hubo un veredicto.

-Escucha con atención, querida Energía. Hemos decidido concederte tu deseo, pues ya lo habíamos prometido. Pero para poder cumplir tu deseo y nuestra finalidad pondremos algunas condiciones. -expuso el dios aburrido, al fin y al cabo, él había iniciado todo.

-Para que puedas ser eterna y cumplir nuestro deseo de crear algo nuevo, deberás transformarte y/o transmitirte y distribuirte. -explicó una de voz muy suave- Pero no lo harás a voluntad sino guiada por una propiedad que será la brújula de tu devenir. Esa propiedad te intentará llevar a alcanzar todos los estados posibles que puedas alcanzar y a distribuirte en cada uno de ellos de la forma más equitativa posible. Además, cuando un estado se vuelva insostenible, esta propiedad te llevará del caos nuevamente al equilibrio, es decir te permitirá pasar a otro u otros estados. A esa propiedad le llamamos Entropía.

-Pero también te daremos una cuota de azar. -agregó otro- De esa forma, ni siquiera nosotros podremos predecir todo tu destino con total certeza. La combinación de la Entropía y el Azar producirá un desarrollo de nuestra creación que satisfacerá nuestro deseo de dinamismo impredecible y tu deseo de eternidad.

-Además, -volvió la voz suave- te dará otra propiedad como consecuencia de esa combinación: el tiempo.

-El tiempo es una idea en la que habíamos venido pensando desde hace mucho. -Agregó el aburrido- Se trata de una propiedad que permite ordenar sucesivamente los sucesos de modo de poder identificar cuáles ocurrieron antes y cuáles después, y las relaciones causales entre ellos. Cuando te utilicemos para dar vida a nuestra creación, impregnarás con tiempo todo el espacio que ocupes. Modificarás el espacio primigenio para que ya no sea solo espacio sino, simultáneamente, tiempo.

La Energía escuchó con atención, estaba aturdida por tanta información. Pero también se dio cuenta que era su única opción. Los dioses no accederían a nada más. En eso se oyó una voz grave y fuerte:

-¡Serás eterna, más no serás inmortal! La inmortalidad está sujeta a tu percepción consciente de tu vida. La eternidad tiene que ver con la permanencia de la esencia de tu sustancia. Sin embargo, es posible que después de usarte para nuestra creación quede algún vestigio de conciencia por ahí.

Entonces, la Energía aceptó la propuesta, no le quedaba otra. La de voz suave la tocó para darle la Entropía y la cuota de Azar. Luego todos la tomaron con sus manos, que era una sola mano. Comenzaron a comprimirla y comprimirla, cada vez más. La comprimieron hasta que alcanzó el tamaño de una esfera multidimensional con un diámetro que hoy llamamos longitud de Planck.

Posteriormente, toda la entidad le dio un soplo para terminar de transformarla en la creación, para darle ese primer estado que devendría en quién sabe qué. Y comenzó a oscilar, a latir como un corazón, entre la esfera que era inicialmente y una esfera de diámetro cero. Y lo hizo con un periodo que hoy llamamos tiempo de Planck.

La deidad entera se sentó a mirar, como chicos que esperan su programa de televisión favorito. Y así estuvo la creación, latiendo, quién sabe cuánto tiempo, pero con la Entropía haciendo lo suyo. Y así fue hasta que ocurrió la primera transformación: la expansión. Y todo comenzó, y acá estamos.

 

Licencia: Cuento corto: La Creación por Rubén H. Cortez C. se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional. Cualquier uso de esta obra debe acordarse de forma expresa con el autor. 

viernes, 27 de enero de 2017

Hoy en Literatura: El 1° de Enero No Existe

Continuando con la propuesta de incluir textos literarios en las publicaciones, hoy les presento una obra de un amigo, Rubén Miranda. Incluso pueden visitar su blog aquellos quienes se interesen por su forma de escribir. Sin más preámbulos, espero que les guste. 


San Juan está quieto.
Lo aquieta enero.
El 1º de enero aquieta a enero....
El asfalto está quieto.
Los encarcelados están quietos.
Los guardia cárceles están quietos.
Los colores están quietos.
El dique de Ullúm está quieto.
Nos ponemos adolescentes, inyectados de aburrimiento.
La policía está quieta.
Las nostalgias se aquietan.
El O.S.S.E. está cerrado.
Los franceses dueños del Hiper Libertad hoy no obtienen superganancias.
Las ropas de anoche están quietas.
El Gobierno está quieto.
Los contreras están quietos.
Los opositores viables están quietos.
Hoy no se cobra Ingresos Brutos.
Los almuerzos están tardíos.
Las paredes de la calle no son escritas.
Los 1º de enero son como si no existieran. No son.
Álzaga intentó, fracasando, un golpe al Virrey, para formar una Junta conservadora, un 1º de enero de 1809. A la postre, fue pasado por las armas, confiscado, olvidado en la historia.
Un día puente, etéreo, entre dos días.
Los sonidos están quietos.
Hoy no hay huelgas, ni telegramas de despido.
El desempleado no consigue trabajo, ni algún empleador lo explota.
Los nacimientos y defunciones mantienen su ritmo.
Los emborrachados duermen.
La omnipresente televisión está quieta.
Los ventiladores balbucean.
La gente está lentificada.
Las charlas están quietas.
El aguinaldo se fue, calladito.
Los corazones están anestesiados.
Las mentes están en blanco.
El Vaticano está cerrado.
El imperio descansa.
Los dominados miran aletargados, los dueños adormilados.
Los varones duermen.
Las mujeres recalientan la comida.
Los hijos desmayados en la cama.
Los teléfonos sin mensajitos.
El día se suspende por cierre de la realidad.
Las miradas están cansadas.
Los cuerpos deambulan.
Algunas piletas son visitadas.
Los minutos sobran.
Las horas duran horas.
Los reproches se postergan.
No hay sexo.
Las alegrías se atenúan..
Los platos sucios nos miran.
Los mates poco circulan.
Los hijos se van.
Los motores no tapan el sonido de unos pocos pájaros.
La casa huele a comida.
Hoy no se paga el alquiler, ni la cuota de la casa.
La atención está en éxodo.
El tedio se pone su mejor ropa.
Uno escribe zonceras, y mal.
El 1º de enero, no existe. Ésto, no ha sido escrito. 

Fuente de la obra: Letras Bipolares (Rubén Miranda) en http://rubenmirandamuro.blogspot.com.ar/
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lunes, 14 de marzo de 2016

Diálogo en el Laboratorio: Atalanta - 2° Parte

Como había prometido, acá está la segunda parte del cuento Atalanta.


Ya de vuelta y recostado en su habitación, Manuel repasaba en su mente la imagen de los ojos de Javier mirándolo, sabiendo que moriría, rogándole que lo salvara. Su malestar era profundo, esa angustia que se siente ante lo inevitable y desagradable lo carcomía desde adentro. El golpe suave y seco en la puerta de su habitación lo rescató de esa película desagradable.
-Adelante. –dijo Manuel con la voz apagada.
Al abrirse la puerta entró la Dra. Sandoval, que se sentó en la silla. La expresión de comprensión y apoyo que emanaba de sus ojos era la misma que la de una madre ante el hijo que perdió su juguete favorito.
-Fue horrible, lo más desagradable que vi en mi vida. –expresó Manuel mientras exhalaba toda su angustia en una respiración extendida.
-Lo sé –dijo la Dra. Sandoval- Por eso hay que terminar con esa aberración. En diez minutos servirán el almuerzo. Te espero allí, luego iremos al laboratorio a trabajar.
-Necesito ver todo el trabajo del Dr. Hammer para poder imaginar una solución a este problema. Pero quiero que sepan que si no podemos acabar con la Atalanta, yo mismo daré aviso a las fuerzas de seguridad para que ellos se encarguen.
La sonrisa de Laura, antes de salir de la habitación, le confirmó que había tomado una decisión correcta.
Luego del funerario almuerzo, que tuvo solo las palabras del Jefe Polinsky para recordar a Javier Feldman, Manuel y Laura se dirigieron al laboratorio 4 para analizar y estudiar toda la investigación del Dr. Hammer. Mientras tanto, el jefe Polinsky y Méndez se encargaban de vigilar que la mantis no fuera a dejar la isla, le proveían del alimento suficiente y trataban de mantener la menor actividad posible en la isla, para que no se sintiera amenazada.
Entre papeles e imágenes y documentos visibles en los monitores, Laura y Manuel comenzaron a intercambiar información personal.
-Así que estudiaste en la Universidad Complutense de Madrid. –dijo Manuel.
-Sí, allí me recibí, pero el doctorado lo hice en Harvard. ¿Y vos donde estudiaste?
-Cursé 4 años de Ingeniería Bioquímica en la Universidad de San Juan, en Argentina. Luego conseguí una beca para estudiar ingeniería genética en la Universidad de Burgos. Allí también realicé una especialización en Botánica Genética y la especialización en Control de Plagas en la Agricultura.
La conversación continuó profundizando en el ámbito personal. Descubrieron, no solo que tenían muchas cosas en común, sino también que ambos, por distintas razones, estaban solos en la vida.
Mientras tanto, Polinsky y Méndez discutían diferentes posibilidades. Incluso se comunicaron con el directorio del Laboratorio para informarles la situación y pedir órdenes a seguir. Por supuesto, la orden del directorio fue intentar destruir al animal sin “levantar la perdiz”, como suele decirse. El directorio estaba más preocupado por las consecuencias legales que sucederían si se hacía pública la existencia de tal animal. De todas formas, le dijeron al Jefe Polinsky que podía llamar en cualquier momento para lo que necesitara, y que, de requerir algún tipo de material, inmediatamente partiría un helicóptero hacia la isla.
Estaban (Polinsky y Méndez) tratando de encontrar la mejor estrategia de caza para poder acabar con la Atalanta, cuando entraron Laura y Manuel:
-¡Encontramos la forma de atrapar a la Atalanta! –dijo Manuel.
-Manuel se dio cuenta de un detalle que nosotros no habíamos tenido en cuenta, explícales. –agregó la Dra. Sandoval.
-Verán, resulta que la Atalanta no es “la”, es “el”. Esa mantis es macho y esa puede ser nuestra arma para atraparlo y matarlo.
-No entiendo. ¿Cómo?
-Podemos utilizar hormonas sexuales de mantis hembra para producir las feromonas que emite la hembra para atraer al macho, de esa forma podremos atraerlo. Antes no hemos podido atraparlo porque es él el que nos espera. La forma de caza de la mantis es muy similar a poner una trampa, y nosotros caíamos en ella. Con esta opción de las feromonas podríamos cambiar la situación. Él vendrá a nosotros y ahí lo mataremos.
Polinsky y Méndez se miraron con sorpresa por la idea. Luego reconocieron la posible efectividad de ponerla en práctica.
-¿Qué se necesita? –interrogó el Jefe Polinsky.
-Necesitamos producir una gran cantidad de feromonas.
-Eso podemos hacerlo acá. –agregó la Dra. Sandoval.
-Necesitamos algo más, que acá no podemos hacerlo. El Atalanta debe ver algo que parezca una mantis. Puede ser un modelo en madera, o en plástico, o en poliurertano inflado.
-Yo me encargo de eso, hablaré al directorio para que lo hagan lo antes posible. ¿Alguna característica en particular? –dijo Polinsky.
-Que sea del mismo verde que nuestra presa y de tamaño algo mayor.
Inmediatamente todos se pusieron a trabajar. El Jefe Polinsky informó que el directorio encargaría el modelo a una empresa de muñecos publicitarios.
Un día y medio después, llegó el helicóptero con el modelo de mantis. Inmediatamente lo llevaron al lugar que habían dispuesto para la trampa. Cuando el Atalanta se posara sobre el modelo, una gran red (de las utilizadas para la pesca) sostenida por duros caños de acero, caería sobre él; al estilo de las típicas trampas para ratones, como las que usaba Tom para tratar de atrapar a Jerry. Una vez atrapado, Méndez caminaría sobre la espalda del animal, sostenido por unos arneses por si los movimientos de Atalanta lo desequilibraban, y cortaría la cabeza con una sierra eléctrica.
Una vez dispuesto el modelo y asegurada la trampa, se rociaron las feromonas sobre el modelo y cada uno ocupó su lugar, bien oculto. No hubo que esperar mucho tiempo hasta que apareció el Atalanta volando y posándose sobre una palmera. Desde allí observó al modelo, movió reiteradamente sus antenas para detectar las feromonas, y luego se lanzó estrepitosamente sobre el modelo. En un movimiento fugaz, la trampa reaccionó y capturó al animal. Atalanta luchaba por liberarse, pero le era imposible. Sin embargo, los bruscos movimientos del animal no dejaban que Méndez pudiera subir por su espalda y terminar con la aberración. La situación se complicaba porque las fuertes patas delanteras habían comenzado a dañar la red y pronto se cortaría, permitiendo que Atalanta escapara.
Sin dudarlo, Manuel corrió hasta la camioneta en la que se habían movilizado hasta el lugar, y sacó un envase cilíndrico que contenía pesticida. Se acercó a Atalanta, estaba frente a frente con aquel animal que había terminado con la vida de Javier Feldman, con él como el testigo más fiel. Los tres pares de ojos simples de la bestia, lanzaban una mirada apuñaladora a los ojos de Manuel; podía sentirla como si fueran las patas delanteras atravesándolo. Sin mayor titubeo, abrió la válvula del recipiente y apuntó todo el chorro de pesticida a la boca de la mantis. El pesticida no mató al animal, pero fue suficiente para adormecerlo, situación que Méndez aprovechó para cortar la cabeza como se había planeado.
Pocos segundos después no había movimiento alguno. Atalanta se había convertido en un cuerpo inerte. El Jefe Polinsky mandó a quemar el cuerpo. También se destruirían todos los detalles de la investigación del Dr. Hammer referidos a cómo lograr ese monstruo. Manuel continuaría las investigaciones en el área de control de plagas en el Laboratorio.
Por la tarde noche, luego de haber terminado de destruir los últimos archivos de la investigación paralela del Dr. Hammer:
-Parece que nos veremos muy seguido, digo, como ahora trabajaré acá. –se dirigió Manuel a Laura.
-Sí, eso parece. –respondió Laura. –Podremos continuar la conversación del otro día.-agregó con una sonrisa.
-Te invito un café.

-Bien, vamos.

Licencia: Diálogo en el Laboratorio: Atalanta - 2° Parte por Rubén H. Cortez C. se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. 
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miércoles, 2 de marzo de 2016

Diálogo en el Laboratorio: Atalanta

Bienvenidos a esta primera entrega de la sección de Literatura. En esta oportunidad voy a compartir con ustedes un cuento que escribí con la intencionalidad de trabajar sobre Ley de Escala y Cuerpos en Equilibrio. Notarán algunas carencias literarias, pero quise compartirlo tal cual lo escribí en ese momento. El objetivo no era realizar análisis literario sino utilizar un disparador motivante. El curso en el cual lo implementé era cuarto año de polimodal con orientación en Comunicación, Arte y Diseño; del viejo sistema. 
En esta entrada va la primera parte, la próxima semana presentaré la segunda y última parte. La primera parte del título obedece a la intención de elaborar una obra que titularía "Otros Diálogos en la Física", pero eso es otra historia.
Bien, acá va la Parte I. 

 Desde que se había recibido de Ingeniero en Genética y comenzado a trabajar en el Laboratorio de Servicios Genéticos para la Agro-Industria (LASGAI), deseaba trabajar en las islas de Las Pequeñas Antillas. En realidad, el Laboratorio alquilaba (conjuntamente con una empresa de Tecnología Agroindustrial) una de las pequeñas islas vírgenes, donde realizaba estudios y experimentos sobre genética aplicada a la agroindustria.
Se especializaba en control de plagas agrícolas, pero no sabía bien en qué trabajaría en la isla. Al llegar lo esperaría el encargado en jefe de todo el trabajo allí, es decir, la persona más importante dentro de la isla. Era todo un honor y un reconocimiento ser recibido así.
-Ingeniero Manuel Suárez bienvenido. ¿Cómo está usted? –le dijo el Jefe Polinsky, de origen ruso. –Espero que el viaje en nuestro barco le haya sido placentero.
-Gracias por la bienvenida. La verdad que el viaje fue muy tranquilo aunque no podía deshacerme de las ansias de llegar.
-Me alegro que lo haya disfrutado. Y le aseguro que su estadía acá no será tan placentera, le espera un trabajo muy duro. Pero, ahora, acompáñeme así puede instalarse, ya luego hablaremos de trabajo.
Manuel siguió al Jefe Polinsky por un pasillo de cemento hasta un edificio adjunto a la construcción central. No pudo notar si la caminata hasta ahí fue larga porque en su cabeza resonaban las palabras del Jefe.
Al llegar a ese edificio fue recibido por Walter Smith, el encargado de personal, quien lo llevó hasta su habitación.
-Instálese tranquilo- le dijo –Luego lo esperamos en el comedor.
Su habitación era pequeña, de unos 3 por 2 metros, pero tenía lo necesario: una cama, un pequeño guardaropas, mesita de luz, un pequeño escritorio con conexión de red para su notebook y una silla. El almuerzo fue ameno y delicioso (pollo frito acompañado de diversas ensaladas), aunque nadie le adelantó nada de su tarea allí. Si fue presentado con parte del personal que allí trabajaba. El encargado de la cocina, José Barzollotti, y el mesero, James Smith (hermano de Walter); la Jefa de Administración, Sandra O’conor; una bioquímica, Penélope Aristegui; uno de los ingenieros especializado en mantenimiento, Robert Maint; el director del laboratorio específico donde trabajaría, Dr. Ikoe Takawa; y el Jefe de Seguridad, Luis Méndez.
Este último lo había mirado como interrogándole, y simultáneamente, como desafiándole. En ese momento no entendió la particular mirada de este personaje y lo atribuyó meramente a su rol dentro del Laboratorio. Luego del almuerzo tenía una hora para descansar y preparar su material de trabajo, que se reducía a su notebook cargada de mucha información (lo demás podría obtenerlo en las instalaciones del LASGAI).
El Laboratorio se dividía en dos grandes secciones: la de Mejoramiento de Especies (dedicada a investigar sobre las formas de mejorar las especies agrícolas) y la de Control de Plagas (dedicada a investigar las plagas existentes y las formas más efectivas para controlarlas). En esta última es donde se desempeñaría. Luego del descanso Manuel debía dirigirse al laboratorio número 4 de esa sección. Al llegar, lo esperaban el Jefe Polinsky, la Doctora en Genética Laura Sandoval, quien dirigía la Sección de Plagas, y el Jefe de Seguridad, Méndez. La cautivadora figura de la Dra. Sandoval lo mantuvo ausente del lugar y las otras personas por unos segundos, pero luego reparó su mirada en Méndez y supo que lo que había sentido antes no había sido casualidad.
El laboratorio 4 era uno de los más grandes de las instalaciones, contaba con dos grandes mesadas de trabajo, una de ellas equipada con un microscopio electrónico, tres computadoras conectadas en red, varios armarios con distintos materiales y, sobre el fondo, un espacio de trabajo de campo, algo así como una pequeña huerta que no solo incluía vegetales de la industria agrícola, también se observaban algunas plantas típicas de zonas tropicales (reconocibles por sus grandes hojas). Este espacio estaba separado del resto del laboratorio por una pared y puerta de vidrio reforzado.
-Siéntese Ingeniero- le dijo el Jefe Polinsky luego de haberlo presentado con la encantadora Dra. Sandoval. –Voy a explicarle para qué está usted acá. Verá –prosiguió- ha surgido un problema interno y necesitamos de su ayuda.
-¿Problema interno? –interrumpió Manuel- Explíqueme.
-El doctor Stefan Hammer estuvo trabajando en este laboratorio por mucho tiempo. El dirigía un proyecto de investigación basado en la utilización de “insectos” para controlar plagas. Cómo usted debe saber, la mantis religiosa es una depredadora natural de los insectos, una amiga de los productores agrícolas.
-Sí, lo sabía. En varios lugares del mundo se las cuida para controlar naturalmente a las plagas de insectos y reducen el uso de pesticidas.
-Cierto, veo que está muy bien informado. El Dr. Hammer deseaba introducir genes de la mantis gigante en al mantis religiosa tradicional. Su trabajo tenía el objetivo de lograr una mantis religiosa algo más grande en tamaño que atacara y deborara a los mismos insectos que la original. Una mantis religiosa de tamaño promedio mayor al tamaño natural tendría un hambre más voraz y, por lo tanto, sería mucho mejor a la hora de controlar plagas de insectos.
-Suena razonable e interesante.-Intervino Manuel.
-Sí, y ciertamente lo logró. Consiguió una mantis religiosa de 9 centímetros de largo en promedio. Esto ocurrió hace un par de años. Pero su investigación no terminó allí. Esa mantis tenía ciertos inconvenientes, por ejemplo era híbrida y vivía no más de 8 meses. Con estas limitaciones se volvía un producto caro para lanzar al mercado. Por esa razón decidió extender su investigación.
-Y en ese momento comenzó todo. –intervino la Dr. Sandoval.
Manuel la miró con intriga, pero rápidamente volvió sus ojos hacia el Jefe Polinsky, que miraba a la Dra. Sandoval con expresión severa.
-Por ese entonces –prosiguió Polinsky- El Dr. Hammer tuvo una crisis matrimonial, su esposa lo abandonó. El quedó muy mal, incluso vino el director general y le dio tres semanas de vacaciones para que pudiera recuperarse del mal trago. Lo cierto es que después de eso, él cambió totalmente, se volvió introvertido, se retrasaba con los informes de su investigación y, además, estos eran incompletos. Luego supimos que había estado trabajando en mejorar su mantis, introdujo los genes que codifican la reproducción en la mantis gigante y la hormona que produce la enfermedad de gigantismo en los humanos.
-¡Pero ese hombre estaba loco!-dijo Manuel totalmente sorprendido.
-Estoy de acuerdo –intervino la Dra. Sandoval.
-Yo lo avisé, pero nadie me escuchó –agrego Méndez.
-No perdamos tiempo en reclamos y sigamos con lo que ahora es muy necesario. –retomó la dirección del diálogo el Jefe Polinsky –Lo cierto es que Hammer tuvo éxito, y mucho. Logró una mantis de 4,8 metros de largo, además de resolver los problemas de duración de vida y de reproducción.
-¡Eso es una aberración! –exclamó Manuel.
-Sí, y lo necesitamos a usted para que nos ayude a terminar con ella. –concluyó Polinsky.
Méndez, que no podía contener su enfado por no haber sido escuchado, agregó: -Debemos cazar a la Atalanta y necesitamos que usted nos diga cual es la mejor forma de hacerlo.
-¿Atalanta? ¿Qué es eso? ¿Por qué ese nobre? –preguntó Manuel.
-Atalanta era una deidad griega. La leyenda dice que fue amamantada por una osa, se dedicaba a la caza y era muy buena, igual que la mantis. Por esa razón apodamos a esa bestia como aquella deidad.
Retomó la palabra el Jefe Polinsky: -Méndez es aficionado a la historia antigua, a él se le ocurrió ese nombre para la mantis gigantesca. Pero volvamos a lo que nos ocupa. Necesitamos que nos diga si se puede utilizar un pesticida o deberemos cazarla como cazan tigres en África.
-Mmmm… Para utilizar pesticida, primero tendríamos que estudiarla, ver su genética y sus hábitos. Para cazarla habría que tenderle una trampa, lo cual es difícil por ser ella una cazadora. Cazarla persiguiéndola es más difícil, si se ve amenazada atacará ferozmente o huirá. ¿Pero qué pasó con el Dr. Hammer? Digo: ¿Por qué no le preguntan a él?
-El Dr. Hammer ya no nos acompaña. –respondió Polinsky.
-¿Fue despedido?
-No, fue el primer almuerzo humano de la Atalanta. –respondió la Dra. Sandoval.
-Muéstrele el video. –agregó Méndez.
Inmediatamente el Jefe Polinsky tomó el teclado de la computadora principal y procedió a proyectar el video de seguridad correspondiente. En el mismo se veía como el Dr. Hammer, un hombre de estatura mediana, hombros anchos y cuarentón, entraba en el espacio del fondo (la huerta), donde se alcanzaba a ver a la gigantesca mantis dispuesta como una estatua. Luego de unos segundos, en los cuales el Dr. Hammer observaba a la “aberración” y tomaba notas, es atacado por la Atalanta. Las patas delanteras del animal se incrustaron en el cuerpo del doctor, las fuertes espinas de las mismas no lo dejaban escapar; mientras tanto, y sin perder tiempo, la mantis comenzó a devorarlo por el lado derecho del cuello. Luego de casi un minuto de de ver como la Atalanta devoraba vorazmente a su presa, pudo notarse como el doctor ya no luchaba y su rostro había desaparecido. En ese momento entró el ayudante del doctor Hammer, un biólogo joven de apellido Hasselhoff, que al ver la terrorífica escena accionó el mecanismo que abría el techo del laboratorio, permitiendo que la mantis escapara. El techo se podía abrir para permitir que se renovara el aire y aprovechar las lluvias. El Jefe Polinsky y la Dra. Sandoval explicaron que, luego de observar el lugar, se podía deducir que Hammer alimentaba a la Mantis todos los días con animales pequeños vivos y luego tomaba nota de su comportamiento. Parecía ser que ese día, la mantis se había quedado con hambre y por ese motivo atacó al Dr. Hammer.
Luego del ingrato espectáculo, decidieron que al día siguiente buscarían a la mantis y tratarían de matarla utilizando redes y arcos y flechas que había confeccionado Méndez (quién era un hombre muy capaz, había tenido entrenamiento militar). No podía llevar armas de fuego a la isla, el control de puerto no lo permitía. Y si de alguna forma las llevaban, alguien daría aviso a la policía de los disparos y esta tomaría cartas en el asunto, y esto no sería buena publicidad para el LASGAI, además de los problemas legales que debería enfrentar.
El Jefe Polinsky había ordenado que se llevaran a la isla y se liberaran, perros, conejos y chivos, para que la Atalanta se alimentara y no decidiera intentar llegar a la costa. En la zona donde liberaban a los animales, es donde, al día siguiente, comenzaron la búsqueda del animal. Al poco tiempo, encontraron a la Atalanta devorando un pequeño chico, era la misma escena que ver a una mantis gigante devorando un ratón. Intentaron rodearla, pero gracias a sus ojos compuestos estaba alerta de todos los movimientos. Por ello escapó dando un gran salto y ayudándose con sus alas. Pronto se perdió entre la maleza. Sin perder tiempo, la comitiva de cacería se dirigió hacia la zona a la que la mantis emprendió fuga.
Unos 40 minutos después, se habían repartido un poco para abarcar más terreno y reducir el tiempo de búsqueda. Manuel ya se había asombrado de ver la majestuosidad de aquel animal antinatural, pero lo que iba a presenciar le helaría hasta lo más profundo de su espíritu. Entre dos palmeras que se encontraban a su espalda, cuyos troncos estaban cubiertos de maleza, se lanzaron las patas anteriores de la mantis, como lanzas mortales, incrustando sus espinas en el cuerpo de Javier Feldman, uno de los agentes de seguridad. El joven miró a Manuel con los ojos llenos de terror, mientras era arrastrado hasta la mantis. En tan solo un segundo, la Atalanta asestó sus mandíbulas en el cuello de Javier. Manuel reaccionó con gritos de auxilio, pero ya era tarde, la Atalanta había mordido y devorado la yugular de su presa. Todos corrieron con gritos de guerra y lanzando flechas hacia el animal, pero fue en vano. Cuando la mantis se vio amenazada, huyó tan rápido como lo había hecho antes. El jefe Polinsky y Méndez coincidieron en ordenar que todos volvieran a las instalaciones del LASGAI. 

Licencia: Diálogo en el Laboratoro: Atalanta por Rubén H. Cortez C. se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.